La Ciudad de México de Luis Barragán

Melchor_ocampo

Estimada Mara:
Será un placer poder conversar contigo alrededor de la obra del maestro Luis Barragán. Debo comentarte que tuve un par de encuentros con él, en su casa estudio de Tacubaya, en Cd. de México, y aunque su salud estaba muy mermada, logre hacer ese clic con su espiritualidad. Hicimos un intercambio de mobiliario por escultura, pues el maestro me ofreció unas sillas de diseño suyo, que guardaba en la cocina de su casa a cambio de dos obras de mi escultura. Barragán gustaba mucho de apoyar a los artistas, entre quienes se cuenta una entrañable amistad con el maestro pintor Jesús Reyes Ferreira, (Chucho Reyes).
Barragán no estaba solo en su viaje a través de la reinterpretación contemporánea del patio y la arquitectura mexicana tradicional. Hubo grandes maestros que le acompañaron entre quienes se cuentan Don Ignacio Díaz Morales, (quien vivió y trabajo en la Cd, de Guadalajara, México. Otro de sus cercanos colaboradores fue Don Andrés Casillas.(quien creo todavía vive y trabaja aquí). Por supuesto uno de los alumnos predilectos del maestro Barragán es Don Ricardo Legorreta. Los compañeros de la Universidad Iberoamericana de la generación 84-89 tuvimos el privilegio de ir con el a la Universidad de los Ángeles (UCLA), donde hicimos proyectos escolares e intercambio académico con compañeros norteamericanos. El maestro sigue impartiendo allá clases magistrales de arquitectura y urbanismo. No olvidare la inolvidable experiencia de visitar algunas obras representativas del gran Frank Lloyd Wright, y el contacto con el despacho de su cercano colaborador, Buz Yudell, así como los trabajos de Charles Moore, (quienes compartían el despacho Moore-Rubell Yudell).
Estoy por salir a un simposio internacional de escultura en el cual tuve la gran fortuna de ser seleccionado. Estaré fuera tres.
Te dejo un abrazo, deseando otra vez fortuna y mucha energía para la presentación de tu tesis.
Desde Ciudad de México,
Javier Astorga Escultor

La Ciudad de México a la que Barragán se traslada en 1936 ya había dejado de ser la “Ciudad de los Palacios” y se disponía a dar otra gran zancada en su propósito de ser “Metrópoli Moderna”.
Contaba con una extensión de 101 Km2 y una población de 1504000 habitantes. Era la “auténtica” realidad urbana del país.

El estado mexicano seguía siendo eminentemente rural, en un 66,53%, sin embargo, las migraciones hacia la capital eran continuas, la ciudad crecía rápida y arbitrariamente.

Tras la Revolución armada (1907-1917) el diagnóstico urbano de la capital fue claro: una ausencia total de infraestructuras y una ciudad absolutamente insalubre.
Los gobiernos comenzaron por plantear la necesidad de espacios para la Educación, la Salud y la Vivienda.

Durante el Obregonismo (1921-1924) y el Maximato (1924-1934) Ciudad de México se salpicó de interesantes ejemplos que respondían a dicha demanda social como el Centro Escolar Belisario Domínguez (1923) en la Colonia Guerrero, las Escuelas al aire libre (1925) dispersas por la ciudad, el Hospital para Tuberculosos de Huipulco (1929) en Tlalpan, el Conjunto habitacional Gaona (1922) en la Colonia Centro o el Conjunto Isabel (1928) en la Colonia Tacubaya.

En este periodo la arquitectura fue de la mano de la pintura, el ministro de cultura Vasconcelos, dio su apoyo a los muralistas en su labor “educativa” cubriendo así con murales cientos de paredes de edificios representativos.

La idea de Modernidad había comenzado a debatirse durante el Porfiriato. El General Porfirio Díaz (1986-1910) había planteado la necesidad de encontrar una arquitectura “moderna y mexicana” mirando a Europa, pero ignorando lo español y lo colonial. Las respuestas fueron eclécticas y poco valientes como el Pabellón mexicano en la Exposición de París (1889) o el actual Palacio de Bellas Artes (1904) .

El debate de los años ‘ 20 y primeros ‘30 fue enriqueciendo la arquitectura de la revolución mexicana a través de diferentes tendencias.:
– El “Decó” se absorbió como idea de modernidad, Edificio de La Nacional (1932) en el Centro.
– El “Neocolonialismo” fue adoptado por la clase media alta, desarrolládose en las colonias residenciales de última moda como Polanco.
– El “prehispanismo” se introdujo en elementos decorativos, Edificio Durkin Reo Motors.
– El modelo de rascacielo también comenzó a experimentarse, Edificio de la Fundación Mier Pesado (1931)

El periodo de 1930- 1940, en el cual se incluye el Cardenismo (1935- 1940) es de grandes cambios.
La revolución social ya se había realizado y era el momento de replantear el Modelo de Desarrollo de la Ciudad de México y de responder a las necesidades populares.

Se crearon las oficinas técnicas de Arquitectura donde O’ Gorman, Villagrán y Legarreta plantearían y desarrollarían muchas de sus inquietudes arquitectónicas.

A nivel académico y teórico destacan dos fechas fundamentales: 1924 y 1933.

– José Villagrán García es nombrado director de la Academia de San Carlos de Arquitectura en 1924. Planteó en sus clases de Composición, una concepción racional de la Arquitectura, opuesta al academicismo decimonónico.
– Las “Pláticas de 1933”. Fueron el debate que produjo una Inflexión en la arquitectura mexicana.
A este debate acudieron una gran parte de los arquitectos mexicanos. México contaba en esta fecha con 135 arquitectos.
El tema central era “El Funcionalismo como respuesta arquitectónica a la demanda social” .

Las distintas posturas que se habían ido planteando a lo largo del periodo revolucionario: Mexicano = tradición = indagar raíces / Mexicano = moderno = imperio de la razón (nota 1) fueron discutidas llegándose al acuerdo por parte de muchos de que “funcionalismo” era sinónimo de “social” y se propuso como mecanismo proyectual apropiado a las necesidades urbanas del momento, renombrándose “Funcionalismo Socialista” – “ lugares en los que no se desperdicia ni un metro cuadrado, ni el valor de un peso ni un rayo de sol”

La ausencia de revolución industrial en México hizo que el Movimiento Moderno entrara de la noche a la mañana. Le Corbusier fue publicado por primera vez en noviembre de 1930 “Mousier Le Corbusier” en la revista Tolteca.
La iniciativa privada respondió con puntos de partida que llegaron a convertirse en academicistas, como la arquitectura racionalista.
Sin embargo, también surgieron propuestas realmente interesantes que indagaban las raíces de México tratando de dar una respuesta Moderna pero desde una reflexión madura y contextualizada como la obra de Carlos Obregón Santacilia, Mario Pani, Enrique del Moral…

La ciudad comenzó a expandirse a través de todo tipo de iniciativas. Los Planes Urbanos se preocuparon por el montaje del Departamento del Distrito Federal, de sus infraestructuras viarias y la llegada del agua.
En 1932 Francisco Mújica propuso un Plan General para la Ciudad (nota 2) en que las prioridades eran el Centro, las comunicaciones entre las colonias periféricas, la creación de colonias y jardines para obreros y la investigación de materiales y el uso de las zonas de sismos.

La reforma agraria llevada a cabo por Lázaro Cárdenas a finales de los ’30 supuso un infortunio para la familia Barragán. Guadalajara se encontraba en una profunda crisis, la ciudad de México por el contrario se encontraba en bonanza económica. Luis Barragán se siente en la necesidad de abandonar su Guadalajara natal para abrirse camino profesional y formar parte del apasionante debate urbano de la capital mexicana.
Barragán a su llegada a México realiza un par de viviendas dúplex en el Parque México de gran calidad e interés por la propuesta urbana. Esta obra sirve de tarjeta de presentación para sus futuras colaboraciones (1936-1940).
José Creixell y Barragán realizaron diversos trabajos en la Colonia Cuauhtemoc. Ejecutaron más de treinta proyectos en los que especularon con los terrenos. y desarrollaban los proyectos completos para renta en especial. Paralelamente Creixell colaboró con otros arquitectos como Enrique de la Mora y también realizó obras en solitario. Creixell se dedicaría más tarde a la labor docente y formaría parte del Colegio de Arquitectos de México.
También colaboró Barragán con el arquitecto alemán Max Cetto. Se conocen gracias a Richard Neutra con el que Barragán viaja por México en 1938, surgiendo entre ambos una gran admiración. Cetto trabajaba con Neutra en San Francisco. En 1939 Cetto se traslada a México iniciando una serie de trabajos con Barragán que de manera intermitente les mantendrá unidos muchos años en el negocio de Bienes y Raices, desarrollando juntos además una actitud arquitectónica.
Cetto tenía un amplio conocimiento de la arquitectura europea y sentía un gran amor por la naturaleza. Su trabajo estuvo cargado de sensibilidad hacia la utilización de materiales y técnicas de la región.
Es muy importante el empuje que Cetto dará a Barragán en su “independencia creativa” .y en la decisión de convertirse en su propio cliente.
Por último desatacar la colaboración que Barragán mantuvo con el artista y filósofo de origen y formación alemana: Mathias Goeritz. Al fundarse El Pedregal Barragán y Cetto desarrollaron unas viviendas y unos jardines “demostración” , Goeritz colaboró a través de una serie de esculturas que definían la propia relación existente entre la actuación y el paisaje existente.
En discontinuas ocasiones esta colaboración fue definiendo la actitud que mantenían hacia, desde y como icono en la ciudad, con diversos proyectos que realizaron conjuntamente. Las Torres Satélite tuvieron una mayor difusión pero el Museo “El Eco” fue determinante por el manifiesto que se redactó sobre la Arquitectura Emocional, aportación de la arquitectura mexicana.

La gran demanda de viviendas en los años ’30 en la Ciudad de México se tradujo en cientos de promociones. Desde el Estado se adoptó la postura funcionalista (actitud hasta los ‘ 50) como en las colonias Peralvillo o Ahuehuetes y sólo se autoexcluyeron de las “directrices” de vivienda social los estudios de Carlos Obregón Santacilia, Francisco J. Serrano y el propio Luis Barragán, esto les alejó de la posibilidad de realizar cualquier obra estatal.

Hubo talantes muy ligadas al funcionalismo, como Juan O’ Gorman pero que a mediados de los ’50 serían autocriticadas duramente.
Algunos cercanos en un principio a la postura más “local” como Enrique del Moral comenzaron a mirar a Estados Unidos y a Mies van der Rohe, tomando directamente el lenguaje de éste e introduciéndolo en Ciudad de México.

Por tanto en la década de ’40 la postura estatal fue dando paso a posturas más individuales y que se enriquecían de diferentes referencias. Aparecieron equipos de arquitectos que resolvían de manera conjunta, el Parque Melchor Ocampo por ejemplo, experiencia, entre otras, que inspiró la creación del equipo que realizó el proyecto de Ciudad Universitaria.

Barragán es uno de los que claramente desarrollaron su propia reflexión sobre la arquitectura, trabajando paralelamente a los Planes Nacionales y dando respuestas particulares a las demandas desde su concepción personal, ligada a todo lo que la rodeaba.

TACUBAYA Mara Sánchez Llorens

Avenida Sonora: 1934… Santiago mirando impávido el paso de la majestuosa ciudad, el Monumento a la Revolución recién inaugurado y que la gente comparaba a una gasolinera gigante, el Paseo de la Reforma y la sucesión de glorietas que parecían respirar en nombre de todos, del Caballito… Colón… al altivo Cuauhtemoc, lanza en alto en el cruce con Insurgentes; a lo largo de la gran avenida bordeada de árboles, calzadas peatonales y apisonadas para los jinetes… suntuosas mansiones con remates parisinos. Desembocaban las elegantes calles de la Colonia Juárez… Santiago iba leyendo los nombres de las calles- Niza, Génova, Amberes, Praga- hasta llegar al bosque de Chapultepec… el nuevo presidente, Lázaro Cárdenas, decidió que estos fastos no eran para él y se trasladó, republicanamente, a una mdesta villa al pie del Castillo, Los Pinos, en la vecina Tacubaya.
“Los años con Laura Díaz” Carlos Fuentes, México 1999

Tacubaya en la época prehispánica fue uno de los asentamientos que rodeaban la Cuenca de los lagos de México (en 1276 llegaron los mexicas).
Durante la colonia, la belleza de su entorno natural llamó la atención de virreyes y comerciantes adinerados, quienes la convirtieron en un sitio cotizado para vivir, allí se construyeron bellas casas con enormes jardines; en épocas posteriores.
El virrey arzobispo Antonio de Vizarrón y Eguiarreta compró terrenos en la parte más alta y mandó edificar la Casa Arzobispal.
Los primeros planos de Tacubaya la delimitaban hasta la actual avenida Cuauhtémoc; bajaba por la Roma Sur hasta La Piedad y Chapultepec también formaba parte de la villa, que era enorme pero se fue reduciendo; hasta finales del siglo XIX su límite estaba en lo que hoy es Mixcoac.

Las expropiaciones y las Leyes de los años ’20 (exenciones de impuestos a los que abandonaran el Centro y colonizaran las zonas periféricas) facilitaron el acceso a nuevos colonos de la clase media alta, por tratarse de predios más pequeños.
Tacubaya dejó de ser suburbio y se integró al proceso modernizador, teniendo un desarrollo paralelo al de la ciudad: ahí se construyó el primer edificio alto de la capital del país, el conjunto Ermita, bajo un lenguaje Decó. Es en la avenida Jalisco donde se manifiesta una búsqueda de imagen “urbana”, objetivo de estos años.

Los Planes Generales de Organización del Departamento (1930), Mújica (1936) y el Reglamento Especial (1938) dotaron a la colonia Tacubaya de nuevas infraestructuras, facilitando la llegada del agua con la reconstrucción del antiguo acueducto, pavimentaron y reforestaron los jardines.
Frenaron su expansión a través de la Planificación que Carlos Contreras elaboró en 1935 en la que localizó al oeste de la Colonia las minas de arena.
El gobierno del General Cárdenas trasladó su residencia del Castillo da Chapultepec para mudarse a Los Pinos.
La colonia en los años ’30 estuvo algo abandonada ya que el esfuerzo se concentró en la regeneración del Centro y en las Colonias de nuevas creación y aquellas de las que recibían alta presión por parte de los “promotores”.
Tacubaya pasó de tener 37552 habitantes en 1910 a 57129 en 1920. La nueva organización asoció los municipios de México, Tacuba, Tacubaya y Mixcoac, además de partes de Iztapalapa, Guadalupe Hidalgo y Azcapotzalco en el Departamento del Distrito Federal y así a raíz del Decreto de 1929 se eliminó el régimen municipal del Distrito Federal y se creó el Departamento del Distrito Federal, bajo el mando de un regente, en lugar de un gobernador quedando dividido en delegaciones políticas.
Esto resulta interesante de cara a entender que en 1929 Tacubaya se somete a los Planes Reguladores de la Ciudad de México, mientras que hasta esta fecha, el sistema de Municipios permitía una organización vecinal participativa.

Barragán compró un predio en 1940 donde primeramente hizo un jardín. El porqué escogió esta colonia responde a dos motivos:
– Es la única colonia que se incorpora al Departamento del Distrito Federal con carácter propio, rural y altamente ajardinado (sólo estaba separado de Chapultepec por la actual avenida Constituyentes, antes calle).
– La comunicación entre Tacubaya y el resto del Centro era buena y con los municipios del Sur y del Norte también.
Hoy podemos imaginarnos lo que sería visitando Coyoacán o San Ángel.

Económicamente habría podido acceder a otras Colonias de precios análogos como la Juárez, Condesa o Roma, pero no tenían ese carácter mexicano (Enrique del Moral, en su discurso de entrada en la Academia de las artes, 1985, declaró que su postura ante lo mexicano quedó clara al escoger Tacubaya como residencia)
No en todas las colonias se estaban produciendo esos contrastes de densidades (sólo un 12% de las construcciones superaban los tres pisos, hasta 1930 no se utiliza en hormigón).

Tacubaya (Acozcomac en nahuatl) quiere decir “lugar donde se junta el agua” los mexicas la nombraron Atlalcuihaya y a raíz de la fundación del ex-convento de San Diego se le llamó San José de Tacubaya.

Fuentes
– Escritos y conversaciones. Luis Barragán. Croquis Editorial, Pag. 122
– Discurso Enrique del Moral Academia de las Artes 1985.
– La ciudad que construimos- Armando Cisneros Sosa. Cuadernos UAM Unidad Iztapalapa, 13
– Crecimiento urbano y procesos sociales en el Distrito Federal (1920-1968)- María Soledad Cruz Rodríguez. Cuadernos UAM Unidad Atzcapotzalco, 1994
– El Arte de ver con inocencia. Pláticas con Luis Barragán- Aníbal Figueroa Castrejón. Cuadernos Temporales UAM Unidad Atzcapotzalco, nº13

nota 1- nomenclatura utilizada por el arquitecto Ramón Vargas Salguero, profesor de la UNAM y coordinador de Historia de la Arquitectura Mexicana, X tomo, México 2001
nota 2- Fuentes consultadas
CISNEROS SOSA, Armando La Ciudad que construimos- Registro de la ciudad de México (1920-1976) UAM Unidad Iztapalapa, Texto y Contexto 13, México 1993.
RIGGEN, Antonio Escritos y conversaciones- luis barragán El croquis Editorial, 2000.
ESCUDERO, Alejandrina Mathias Goeritz y la poética de El Eco, 1999.
Barragán. Obra completa Catálogo exposición MOPU dirigido por Guillermo Vázquez Consuegra, Tanais Ediciones, 1995.
BAMFORD SMITH, Clive, Builders in the Sun, Five Mexican Architects, prólogo de José Villagrán García, Nueva York, Architectural Books, 1967.
Ciudad de México: Arquitectura 1921- 1970, Enrique X. Anda Alanis (coordinador).
LÓPEZ RANGEL, Rafael, Enrique Yánez en la cultura arquitectónica mexicana, ED. Limusa, UAM México, 1989.
GONZÁLEZ CORTÁZAR, Fernando, La arquitectura mexicana del siglo XX, Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, México 1994.

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