Rinconcito porteño

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La casa de Pino Solanas despertó en mí deseos accesibles por la arquitectura más cotidiana. Accesibles porque en ella se hablaba de personas, de trabajo, desorden, pasión y deseos de vivir.
Juan y Silvia, sus autores, me hablaron de un Buenos Aires que se esconde tras un telón de apariencias.
Parece que mi caminar por las ciudades argentinas no había descubierto lo más evidente y ya estudiado, las esquinas. Me habían fascinado sus patios, su estructura tan ajena, esas calles quebradas
Sin embargo en una esquina convergían muchos pensamientos. Dos muros que resultaban fascinantes en su color, color que se contagiará por los alrededores… Dos muros que amablemente te invitaban a entrar (un corte tajante o chaflán) a un mundo mágico.
Sí la casa de Pino Solanas me hizo recordar la magia de la arquitectura. Mágico, trágico.
Magia en la arquitectura es esa lente que domina la casa de Pino. Una complejidad sencilla. Vacío que se carga de espiritualidad y con ello da uso a todo el espacio.
Un “foco” de atención, de iluminación, de silencio, de belleza… un vacío.

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